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El año termina, el malestar permanece

Por diciembre 21, 2016 Sin comentarios

El malestar, como estado de ánimo, se extiende cada vez con más fuerza en el pueblo mexicano. Los agravios se han ido acumulando en los últimos años, en particular en éste que está por concluir.

El origen es difuso, pero sin duda se remonta a la salida del ejército a las calles, en la guerra contra el narco con que Calderón quiso hacerse de una legitimidad no ganada en las urnas. 27 mil desaparecidos hasta hoy, según algunos cálculos, son el boquete más emblemático.

Las reformas estructurales promovidas por el gobierno peñanietista hacen su parte en este juego. La estrategia para operarlas mostró muy pronto su ineficacia y el acuerdo político suscrito el 2 de diciembre de 2012 por el gobierno federal y los tres principales partidos políticos que pretendía fortalecer al Estado mexicano, terminó por no servir para otra cosa, sino para hacer evidente la insolvencia moral y política de los firmantes.

En los terrenos más básicos del manejo de emergencias, el gobierno federal no ha podido operar una estrategia de comunicación efectiva para hacer patente la propia postura. Los reiteradas y graves agresiones a los derechos humanos son emblemáticas. Ayotzinapa, tocó fibras sensibles del pueblo mexicano, la vulnerabilidad de estudiantes normalistas provenientes de los márgenes caló como agravio propio en muchas latitudes. Así también la reacción tardía, impunidad y silencios en Tlatlaya, Apatzingán y Ecuandureo.

Desvergüenza parece ser el requisito más relevante del perfil del burócrata de todos los niveles. Así fue desde el principio con la famosa Casa Blanca como símbolo de cinismo y falta de pudor para traficar influencias que redundan inequívocamente en beneficio personal.

Por su parte, los gobernadores sí que han aprovechado la decadencia del presidencialismo. Antaño el jefe del Ejecutivo era una especia de árbitro y en ejercicio de funciones metaconstitucionales removía gobernadores que extralimitaban las reglas no escritas del sistema político mexicano, ya por rapiña excesiva, ya por movimientos especialmente desaseados en el ajedrez de dicho sistema. 14 gobernadores fueron depuestos por Carlos Salinas de Gortari bajo estas consideraciones.

Hoy es diferente, Javier Duarte, gobernador de Veracruz opera un desfalco en las arcas del erario estatal que la Auditoria Superior de la Federación (ASF) calcula en alrededor de 35 mil mdp. Además, la PGR le acusa de delincuencia organizada y lavado de dinero. Desde el 12 de octubre, 50 días antes de terminar su período, solicita licencia a su cargo para “limpiar su imagen y la de su familia”. Su estatus legal es ahora “prófugo de la justicia”.

Mientras tanto, en Chihuahua, el otro Duarte, César, se acumula a su salida una deuda de 55 mil mdp, actos de corrupción y el compromiso de ingresos futuros hasta 2044. El generoso pago de asesorías, la operación de empresas “fantasma” y la realización de gastos no justificados en viajes y transporte equivalen a muchas veces los presupuestos destinados a rubros prioritarios.

Para agravios, Coahuila no canta mal las rancheras. Humberto Moreira arregla la sucesión a modo para cubrir una deuda acumulada de 37 mil millones de pesos. Los cálculos indican, según los datos de Inegi, que cada uno de los 2 millones 954 mil 915 habitantes que tiene el estado, deberían pagar 12 mil 527 pesos.

Al presidente Peña Nieto este malestar le parece emocional, así lo ha señalado en varias ocasiones, una de ellas en la entrega del Premio Nacional de la Juventud 2016 en agosto pasado. Llamó a los jóvenes a no contagiarse del desánimo, antes bien evitar caer en escenarios catastrofistas. La opción para un joven, en este escenario, es una visión crítica y creativa, alimentar e iluminar el corazón con pensamientos positivos, insiste.

El ámbito local no es muy diferente, un oneroso proyecto concebido desde inicio como antesala a la gubernatura.

Los procesos sociales son diversos y el malestar no sabemos hasta dónde puede seguirse acumulando. Mientras, considerando únicamente la ciudad de México, hay nuevo record de asistentes a la Basílica de Guadalupe: 3.2 millones de peregrinos refuerzan así su sentimiento de impotencia y orfandad.

Llega la Navidad, se termina el año. El malestar permanece, se anuncia un no tan positivo arranque de 2017.