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Gastan un billón contra el narco, sin frutos

Por diciembre 12, 2016 Sin comentarios

En 10 años de guerra contra el narcotráfico el gobierno ha gastado un billón 138 mil 838 millones 971 mil 996 pesos para intentar garantizar la seguridad de la población, pero ha sido insuficiente para evitar que los civiles se vean afectados.

Al tomar posesión como presidente, Felipe Calderón Hinojosa recibió un presupuesto de 56 mil 816 millones 900 mil 254 pesos, destinados a las secretarías de la Defensa Nacional (Sedena), la Marina Armada de México (Semar) y a la entonces dependencia de Seguridad Pública (SSP).

Calderón recibía un país que comenzaba a ser azotado por escandalosas ejecuciones entre cárteles rivales y los decapitados empezaban a acaparar la atención de la población.

A 10 días de asumir el cargo declaró la guerra contra el crimen organizado y envió al estado de Michoacán -su tierra natal- más de 6 mil elementos de las Fuerzas Armadas y federales a enfrentar a las células que tenían aterrorizada la entidad.

Desde entonces los militares y marinos salieron a las calles de todo el país, asumieron como suya esta lucha y comenzaron con la erradicación de sembradíos de droga, aseguramientos de armas y narcóticos, y detenciones de operadores de los seis cárteles existentes en ese momento: el de Sinaloa, de Juárez, de Tijuana, del Golfo, La Familia Michoacana y el del Milenio.

Datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) señalan que en 2006 hubo 11 mil 806 homicidios dolosos; el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) indica que fueron 10 mil 452.

En 2007 los resultados fueron positivos. Los enviados al combate reportaban decomisos considerables de droga y la cifra de homicidios aún no registraba variaciones preocupantes. El evento que marcó ese año fue el 15 de abril, cuando dos elementos del Ejército fueron “levantados”, torturados y asesinados a balazos en Zamora, Michoacán.

Los cárteles apenas dejaban ver el alcance de sus armas, de su organización y de su poder frente a las fuerzas federales.

Tal como lo predijo Calderón Hinojosa al anunciar la guerra: correría sangre y el país viviría tiempos violentos. En ese sexenio organizaciones no gubernamentales como Human Rights Watch reportaban 60 mil muertos a causa del combate al crimen organizado.

Las cifras del SESNSP reconocen 173 mil 897 homicidios dolosos de diciembre de 2006 a octubre de 2016; sin embargo, no específica cuántas de esas muertes estuvieron relacionadas con la guerra contra los cárteles del narcotráfico.

Los registros de homicidios dolosos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía hablan de 186 mil 326 víctimas, de diciembre de 2006 a diciembre de 2015; el conteo del año 2016 no ha sido publicado.

En las Fuerzas Armadas también se han registrado bajas: la Sedena reporta, del 1 de diciembre 2006 al 1 de diciembre 2016, 490 muertos, y datos de la Semar informan que en 10 años de combate contra el narco han fallecido 77 de sus elementos. Respecto al número de desaparecidos, el último reporte del SESNSP reconoce 29 mil 136 personas no localizadas de 2007 a octubre de 2016; 28 mil 212 corresponden al fuero común y 924 al federal.

Alejandro Hope, especialista en temas de seguridad, asegura que la falta de una base de datos que nos hable de homicidios relacionados con el combate al narcotráfico se debe a la escasa investigación que realizan servicios periciales y las procuradurías encargadas de esclarecer este delito. “No ha habido un compromiso de fondo con la investigación de los homicidios”, dice.

Considera que el gran pendiente de la década es que no ha habido una presión para que las policías estén trabajando en la capacitación.

 EL NARCOTERRORISMO

El 15 de septiembre de 2008, La Familia Michoacana lanzó el primer ataque narcoterrorista en México: dos granadas fueron lanzadas en la Plaza Melchor Ocampo, en la ciudad de Morelia y cobraron la vida de ocho personas. Más de 100 civiles resultaron heridos.

El aumento de la violencia estaba incontenible; Calderón los llamó “daños colaterales” y continuó confiando en que las fuerzas federales eran las indicadas para hacer frente a estos actos. En 10 años se invirtió más de un billón al combate al narco.

Cárteles mexicanos se fragmentaron

A partir de la captura de los principales líderes, los cárteles de la droga mexicanos se fragmentaron, sofisticaron el uso de armamento y conformaron células al estilo colombiano con una característica: ser más violentos.

A fines de 2006 y principios de 2007, el mapeo del gobierno federal identificaba seis cárteles: Sinaloa, Juárez, Tijuana, Golfo, La Familia Michoacana y del Milenio.

Todos tenían su zona de operación, pero con la política de combate denominada guerra contra el narcotráfico, las organizaciones criminales comenzaron a pelear otras plazas y hubo disputas internas.

Hoy, la Procuraduría General de la República (PGR) identifica 9 cárteles que usan 43 células para poder operar. Su característica es el uso de armas de alto poder para enfrentar a las Fuerzas Armadas y de seguridad.

En 2008 surgieron dos nuevos cárteles de una fragmentación. Del Cártel de Sinaloa se separan los hermanos Beltrán Leyva y crean su propia organización criminal.

En el Cártel de Tijuana, de los hermanos Arellano Félix, hay otro rompimiento y Teodoro García Simental, “El Teo”, conocido por disolver a sus rivales en sosa cáustica, opera de manera independiente.

Un año después surge otro rompimiento. Ahora son 10 grupos.

Según la empresa Latina Consultores, Édgar Valdez Villarreal, “La Barbie”, deja a los Beltrán Leyva. En el Cártel del Golfo, su brazo armado, Los Zetas, se separa. Se trata de exmilitares de las fuerzas especiales que se caracterizan por la violencia.

En 2010 hay nuevos rompimientos y ahora son 11 grupos. El Cártel del Milenio se divide y nace La Resistencia y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), hoy la organización con más poder en el país bajo el liderazgo de Nemesio Oseguera, “El Mencho” y su brazo financiero “Los Cuinis”.

De Édgar Valdez, “La Barbie”, se separa su suegro Carlos Montemayor González y surge el Cártel Independiente de Acapulco, (CIDA).

En 2011 se contabilizan 16, Sinaloa, Pacífico Sur, La Mano Con Ojos, Nueva Administración, Cártel Independiente de Acapulco, Juárez, Tijuana, del Golfo, Los Zetas, La Familia Michoacana, Los Caballeros Templarios, Los Incorregibles, La Empresa, La Resistencia, Jalisco Nueva Generación y La Nueva Federación.

Entre los líderes hay pactos, unos son detenidos y otros abatidos. En 2012 quedan cinco organizaciones que son La Mano Con Ojos, La Nueva Administración, Los Incorregibles, La Empresa y La Nueva Federación. Un año más tarde continúan los reacomodos y ahora queda el Cártel de Sinaloa, de Joaquín “El Chapo” Guzmán, el Cártel Jalisco Nueva Generación, de “El Mencho”; Pacífico Sur, Nuevo Cártel de Juárez, Tijuana, Golfo, Zetas, La Familia Michoacana y Caballeros Templarios, este último encabezado por Servando Gómez “La Tuta” que se separó de La Familia.

El reporte más reciente de la PGR detalla la existencia de 9 cárteles. Se trata de: Sinaloa, Jalisco Nueva Generación, Golfo, Caballeros Templarios, Arellano Félix, La Familia Michoacana, Carrillo Fuentes, Beltrán Leyva y Los Zetas.

Las células desatan la violencia en su lucha. De Los Beltrán Leyva nacen Los Mazatlecos, El 2 mil, Los Granados, Los Rojos, La Oficina, Los Ardillos, Independiente de Acapulco y Guerreros Unidos.

La principal batalla es en Guerrero, donde las escisiones de Los Beltrán Leyva, La Familia Michoacana, Los Caballeros Templarios, y con poca presencia del CJNG y Sinaloa, buscan apoderarse de las producciones de la amapola. La célula de Los Granados, que opera en Tierra Caliente, es encabezada por Salvador Granados Vargas, “Chava Granados”.

De Los Rojos quedan algunos remanentes en el norte y centro de Guerrero, pero tienen mayor presencia en Morelos bajo el mando de Santiago Mazari Hernández, “El Carrete”.

Los Ardillos, que opera en la Montaña y centro, está presuntamente vinculado al diputado local por el PRD, Bernardo Ortega Jiménez, hijo del fundador del grupo, Celso Ortega Rosas, La Ardilla, y Guerreros Unidos, pero a partir de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, las principales cabezas fueron detenidas. Por La Familia Michoacana el que opera en Guerrero es Johnny Hurtado Olascoaga, “El Fish”.

En el Cártel de Sinaloa hay disputa entre familia. Los hijos de “El Chapo”, Iván y Alfredo son los herederos, pero su tío Aureliano quiere el control.

El Cártel de Jalisco Nueva Generación sigue operando con “Los Cuinis” sin que se registre ningún rompimiento, y es el más fuerte.