Nacional

Honran a su patria y a su hogar

Por marzo 8, 2017 Sin comentarios

Hace más de cuatro años, Estefanía Canela Hernández decidió abandonar su natal Coatzacoalcos, Veracruz, e ingresar a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena). La soldado es elemento de la Policía Militar y parte de su actividad es participar en puestos itinerantes de revisión, en busca de drogas o armas ilegales.

Madre soltera, tuvo que dejar en su tierra a su pequeña que tiene un año ocho meses de edad, bajo el cuidado de su madre, para laborar en la VIII Región Militar, con sede en Santa María Ixcotel, Oaxaca.

“A mi hija la veo muy pocas veces, trato de hacerlo lo más posible, pero son acaso dos veces al año. Es una niña muy inteligente que sí resiente mi ausencia, pero me tengo que acostumbrar; lo hago por ella y me gusta mi actividad, estoy satisfecha con lo que hago”, narra.

Ella dice que su familia está orgullosa de su trabajo, pese a las dificultades y los riesgos.

“Es un poco difícil, porque muchas veces uno no se acostumbra a ciertas actividades, pero me gusta lo que hago, es una gran satisfacción tanto personal como para mi familia. En lo personal está muy orgullosa mi mamá, nunca se imaginó que me fuera gustar esta carrera”, explica.

La joven que resalta por sus labios pintados, mejillas chapeadas y uñas bien cuidadas, con un tono discreto, añade:

“El ser militar no está reñida con lo femenino, no impide ser mujer como tal, nos podemos arreglar siempre y cuando no se caiga en la exageración”.

Explica que ha sentido temor durante los operativos, aunque se sobrepone para desempeñar su labor sin prejuicios ni miedos.

“En los puestos militares a nosotras nos toca revisar al personal femenino, en la aplicación del programa de lucha contra el narcotráfico o en busca de armas sin permiso. Hasta cierto punto es riesgoso, porque nos trasladamos en vehículo hasta el puesto estratégico; uno no sabe los peligros en el camino”, expone.

En el Día del Ejército, el 19 de febrero, mientras la mayoría festejaba la fecha, a Estefanía le tocó cubrir su guardia a lo largo de una de las vialidades en el interior de la Región Militar, ataviada con su uniforme de Policía Militar.

“Me gusta, estoy satisfecha con lo que hago. Es pesado, pero me gusta. Acá voy a seguir, porque primero Dios, le quiero dar un buen futuro a mi hija”, cierra la mujer, con una carrera técnica de secretariado.

 CRECIMIENTO PAULATINO

De acuerdo con el Capitán Segundo de Fuerza Aérea Controlador de Vuelo, Diplomado de Estado Mayor Aéreo, Antonio Aguilar Hernández, cada vez más mujeres ingresan a las fuerzas armadas y ya no es tarea exclusiva de hombres.

En esa región castrense suman 228 mujeres enlistadas en distintas actividades e incluso en el Sexto Regimiento de Artillería se desempeña una subteniente de Artillería, egresada del Heroico Colegio Militar, Karla Janet Hernández Raymundo.

Antes de entrar a la milicia, todo aspirante, incluyendo ellas, tiene que pasar dos meses de entrenamiento físico y táctico; en Oaxaca se realizan en las instalaciones de la 44 Zona Militar, con sede en Miahuatlán de Porfirio Díaz.

“Las mujeres estaban restringidas al área de la salud, concretamente en enfermería. Ahora están en todas las áreas, ya no están limitadas a una función”, explica.

Reconoce que para las mujeres es más difícil desempeñarse en el Ejército por el doble rol que cubren como madres y responsables de un hogar. “Y es mucho más mérito que realicen su labor con cariño, con esfuerzo, con amor por el Ejército y por nuestro país”, dice.

El mando recuerda que el 27 de enero de 2009 en el Colegio del Aire en Zapopan, Jalisco, otra oaxaqueña, Andrea Cruz Hernández, realizó su primer vuelo en un Bonanza F33-C; fue una de las ocho primeras mujeres con la carrera de Licenciada en Ciencias Militares Piloto Aviador y concluyó su preparación en julio de 2011.

 NADA ES IMPOSIBLE

Yésica Antonio Rosas es contadora de profesión y se desempeñaba en un despacho privado; tenía suficiente tiempo para convivir con su esposo e hija. Pero un día una amiga le comentó de una vacante en el Ejército y determinó probar suerte.

Desde hace año y medio labora en las oficinas principales de la VIII Región Militar, con sede en Santa María Ixcotel, agencia del municipio de Santa Lucía del Camino, cercano a la capital. Lo primero que le llamó fueron las prestaciones salariales.

“Analizando todas las opciones, las prestaciones, decidí que era una buena opción para crecer profesionalmente y entré sabiendo que iba a ir a un adiestramiento, fue arriesgarme a un cambio drástico de vida, por toda la disciplina que representa”, platica.

Actualmente es cabo auxiliar ayudante de contabilidad y trabaja en la pagaduría del cuartel militar; pasó dos meses lejos de su familia por el entrenamiento; las actividades iniciaban a las cinco de la mañana y concluían a las 10 de la noche, con fatigante faena que incluía ejercicios con uniforme y arma.

“Es pesado, pero no imposible, aquí encontré amabilidad y compañerismo, se trabaja en equipo, somos parte de una sección donde todos debemos sacar el trabajo adelante”, dice.

Ahora los roles familiares se cambiaron, pues entra a las siete de la mañana y sale a las dos de la tarde, pero muchas veces cubre guardias vespertinas; su marido es quien tiene que llevar a la pequeña de cinco años a la escuela y encargarse de la alimentación.

“Antes me dedicaba ciento por ciento a mi familia; iba por mi hija a la escuela, la traía, pero ahora es más difícil. A veces en las tardes tengo un poco de tiempo, siempre que no me toque la guardia de servicio”, añade.

Remarca: “La disciplina está muy marcada. Pero es sólo un trance para acostumbrarse de la vida civil a una en el Ejército. No es imposible, se puede salir adelante”, expone.

 ORGULLOSO DE SU MAMÁ

Con destreza, arma la larga antena del equipo de transmisiones, con cinco kilogramos de peso que carga sin dificultad en la espalda.

Sus gráciles manos unen en segundos el equipo y está lista para recibir o entablar comunicación con las partidas del Ejército que continuamente recorren las serranías del estado de Oaxaca, en la lucha en contra del narcotráfico y el uso de armas ilegales.

Es la sargento segundo de Transmisiones, Isis Pantoja de los Santos, de Tlacolula de Matamoros, comunidad de la región de los Valles Centrales, asignada a la VIII Región Militar, en Santa María Ixcotel, Oaxaca.

Madre soltera, licenciada en Ciencias de la Comunicación, que optó también por el uniforme verde olivo y decidió enrolarse en el Ejército Mexicano.

Isis Pantoja inició el 1 de junio de 2012 como soldado auxiliar oficinista; le gustaron las transmisiones y cursó un año en la Escuela Militar de Transmisiones, en Guadalajara; participó en un examen de ascenso y logró el puesto de sargento.

“Es difícil, pero no imposible, tengo un motivo grande para estar acá, que es mi hijo, de tres años, y pues vale la pena.

“Mi pequeño se siente orgulloso de tener a una mamá que es militar; antes veía en los soldados sólo hombre y nunca se imaginó que hubiera mujeres. Está feliz, emocionado y presume en la escuela a su madre”, platica la sargento segundo de Transmisiones.

Su labor consiste en recibir comunicaciones vía radio de transmisión, y a la vez enviar respuestas, desde la sede del mando del cuartel, con las tropas que salen a operativos en serranías del estado.

A punto de cumplir cinco años con el uniforme verde olivo, no todo ha sido fácil:

“Ha sido un poco difícil, porque al igual que muchas compañeras soy madre soltera. Pero tengo un motivo grande que es mi hijo, y pues vale la pena estar aquí”, afirma.

Las mujeres estaban restringidas al área de la salud, concretamente en enfermería. Ahora están en todas las áreas, ya no están limitadas a una función”. — Antonio Aguilar Hernández, Capitán Segundo de la Fuerza Aérea