Nacional

Invitación a no votar

Por abril 26, 2017 Sin comentarios

La fórmula para hacer del presente proceso electoral en Coahuila un acontecimiento innovador de la democracia del siglo XXI, es la siguiente: Guadiana ofrece una “versión foxiana” local y reparte tinacos; Riquelme enseña carácter (¿es una nueva forma de machismo?, es pregunta), y se ausenta de debates; el PAN renueva su baraja de candidatos y propuestas postulando a Zermeño, Anaya y Marcelo; la izquierda laboral se levanta con el grito de “arre” y un candidato de ascendencia multipartidista.

En una sociedad mayormente despolitizada, para ganar votos hay que hacer circo, maroma y teatro; tarea que es coadyuvada por el mercadotecnia electoral y el negocio de las encuestas. Esta situación parece ser bastante consecuente. Hay que llamar la atención de un electorado al que se le excluye, y que hasta menosprecia con desplantes altivos durante el período del poder gubernamental.

Sin embargo, en Coahuila aún no se encuentra la fórmula para que las mayorías acudan a votar. Quizá es porque no conviene que eso suceda. Quizá es mejor que la minoría de abonados partidistas elija a los gobernantes. De cualquier forma, hay que justificar un poco el gasto del presupuesto asignado a las campañas. En este estado el promedio de abstencionismo es de 52 por ciento.

En 2005 la participación fue de 52.9 por ciento del total de los votantes, apenas un poco más de la mitad. En 2009 el abstencionismo fue de 48 por ciento. En 2011 en Coahuila votó el 61.6 por ciento del electorado. En las votaciones que llamamos intermedias, de 2014, para elegir diputados locales participaron 39.5 por ciento de los ciudadanos habilitados para votar. Para esa última elección el tema del endeudamiento del estado era de conocimiento público, y aún así, el PRI ganó todos los distritos de Coahuila (Fuente IEC).

En una investigación sobre la geografía electoral del abstencionismo en los municipios de México, el académico Guillermo Lizama, señala que los estados con mayor ausencia en las elecciones en los últimos 25 años son: Guerrero, Oaxaca, Coahuila, Chihuahua y Chiapas. Al interpretar los procesos locales de abstencionismo, Lizama señala: “cuando existe una constante de abstencionismo en tiempo y espacio se cuestiona el proceso de integración del ciudadano a un cuerpo de autoridad. Ello acarrea efectos negativos en la representación y en la legitimidad en el ejercicio del poder”.

Consideramos que esa mayoría abstencionista puede convertirse en una fuerza que impacte en el escenario democrático de Coahuila. No sugerimos que asista a las urnas. Sino que el abstencionismo tenga otro sentido. Que sea la expresión de quienes no se sienten representados en ninguna de las repetitivas fórmulas que se presentan a la contienda electoral. Un tipo de ciudadano abstencionista que no considera ni siquiera la anulación del voto porque los efectos de esta práctica son menores.

Un abstencionismo cívico que se aparta de la indiferencia. Que está atento al proceso y se interesa por el resultado. Sin embargo, que no se queda en la coyuntura electoral. Que independientemente del candidato ganador vigilará su administración y exigirá rendición de cuentas. En los hechos, los abstencionistas somos una mayoría, y podríamos organizarnos para impactar en los distintos ámbitos de la vida pública. Construir un sentido de abstencionismo como resistencia a la partidocracia y al sector de votantes que o se conforma con el sufragio o que opta por una cómoda distancia de la responsabilidad común.