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Por refriega con sicarios le amputan una pierna

Por abril 24, 2017 Sin comentarios

Por el gusto heredado de su padre, quien formó parte de una corporación de seguridad, hace 19 años Iván de Jesús Rodríguez se incorporó a la milicia; hace tres abandonó su entidad natal Coahuila para mudarse a Michoacán y enlistarse en la policía estatal.

Hoy, con 36 años de edad, Iván se ha retirado de la labor policial tras haber perdido una pierna en un enfrentamiento con delincuentes.

En 2014, Iván llegó a Michoacán para escoltar a los funcionarios que integraban la extinta Comisión para la Seguridad y el Desarrollo Integral de Michoacán, al término de ésta desempeñó labores de inteligencia y análisis; finalmente fue enviado como policía preventivo a las regiones más riesgosas del estado.

El 6 de enero de 2017, en la Tierra Caliente michoacana, Iván padeció aquello de lo que siempre estuvo consciente.

“Nos tocó realizar patrullajes en la salida de Apatzingán hacia Cuatro Caminos; estábamos regresando por la glorieta hacia Apatzingán cuando detectamos un vehículo que al vernos acelera la marcha y empieza a dispararnos, soy el primero al que hieren e iniciamos una persecución. El chofer del vehículo volcó y ahí empezó el enfrentamiento más fuerte”, narra Iván desde la cama del hotel donde se hospeda su familia.

En el vehículo, recuerda Iván, sólo viajaban dos sicarios. Uno de ellos falleció durante el intercambio de balas, el otro fue capturado y él, cayó gravemente lesionado sin poderse defender.

“Desgraciadamente recibí tres impactos, el más severo es el que ocasionó que se me amputara la pierna izquierda, en su totalidad, me quitaron un poco de intestino debido a un impacto en el estómago y en mi pierna derecha tengo 65 % de movilidad debido a que un impacto daño el nervio ciático”, detalla el policía en recuperación.

A más de tres meses del hecho violento que lo mantiene prácticamente paralizado, Iván se encuentra a la espera de someterse a una cirugía y su familia agiliza los trámites para recibir la indemnización que la Secretaría de Seguridad Pública debe otorgarle por un monto de 700 mil pesos, afirma. La atención médica que recibe, dice, es buena y no ha dejado de percibir el sueldo que reciben la mayoría de los policías y que asciende a casi 14 mil pesos mensuales.

Aunque Iván podría continuar en las labores de seguridad, pero desde un área administrativa, él ha optado por retirarse definitivamente: “Dejaré lo que fue mi pasión, recibí muchos abrazos, sonrisas y agradecimientos de la gente a la que serví, aunque me faltó más por seguir ofreciendo. Emocionalmente estoy al 200 %, se me dio otra oportunidad de vida para seguir haciendo lo que dejé pendiente como ser humano”.

Sobre sus días como elemento de la policía Michoacán, Iván recuerda las complicaciones diarias a las que tuvo que enfrentarse.

“Algunas dificultades son los horarios, a veces empiezas temprano, terminas tarde y no repones las horas de sueño. El mayor problema en las regiones son los eventos contra grupos delincuenciales, traen armamento automático, traen granadas, traen armamento colectivo, ametralladoras grandes, armas de grueso calibre.

“Muchas veces nosotros mismos tenemos que solventar el equipo para no vernos en mayores problemas, tenemos que comprar un cargador o munición de nuestro bolsillo, lo hacemos por bien propio, por iniciativa y protección”, lamenta Iván Rodríguez.

El exmilitar considera que al menos en Michoacán los policías son vulnerables ante los alcances criminales de las células delictivas y, lamentablemente, “no todos los policías están capacitados con un adiestramiento y entrenamiento para sobrellevar un evento contra ese tipo de gente”.