Powless desafía al poder esloveno

Por julio 31, 2021 Sin comentarios

Un verano agradable y fresco, así califican los donostiarras, los vascos en general, a esas nubes que cubren el cielo, que descargan de vez en cuando un chaparrón, y a un termómetro que no acaba de subir de los veinte grados; a pasear por el Boulevard, tomarse unos pinchos a mediodía y un helado de dos sabores a la tarde, y llevarse la rebequita bajo el brazo por si refresca. Que refresca, claro. Nadie da vueltas en la cama por el bochorno con este tiempo, por eso es fresco pero agradable, y a los ciclistas les gusta en parte, porque no tienen que achicharrarse, aunque no tanto que los kilómetros finales se disputen entre penumbras, bajo los focos de los coches de los equipos, bajadas peligrosas, suelo húmedo y un sirimiri manso en apariencia pero que acuchilla en el rostro cuando la bicicleta coge la velocidad de crucero.

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