Nacional

Ser parte de la ciudad

Por marzo 22, 2017 Sin comentarios

En el curso Desarrollo Humano Sustentable discutí con mis alumnos aspectos del ampliamente conocido Modelo Medellín.

Medellín emergió de sus cenizas, gracias al dinamismo de su sociedad, visibilizada en Salazar y Fajardo, los alcaldes que capitanearon tan descomunal tarea.

Los ochenta: “Fue la época del oscurantismo; a casi todos se nos cambiaron los valores. Los ricos querían negociar con los mafiosos, los pobres ser parte de sus bandas. Exagero un poco, pero hubo algo de eso.” Dice Clara Patricia Restrepo del Toro, directora ejecutiva de la Fundación Empresas Públicas de Medellín en el Conversatorio “Sociedad Civil y Modelo Medellín”, realizado en la Casa de Encuentro Museo de Antioquía el 14 de enero de 2009 y publicado en el documento “Medellín, La Transformación de una Ciudad. Modelo de Buen Gobierno y Desarrollo Social Integral.”

Honesto, valiente y necesario “mea culpa” que actúa como punto de partida para echar a andar la reconstrucción de la ciudad. Porque si todos tuvieron que ver en la generación y sostenimiento del caos, todos debían participar en la construcción de alternativas a ese caos.

Pero hablar de todos, en las altamente complejas sociedades occidentales contemporáneas no tiene sentido, por eso el mecanismo que empleó el Modelo Medellín fue incentivar la participación de las organizaciones e iniciativas pertenecientes a la sociedad civil, las Organizaciones No Gubernamentales (ONG). En ese tiempo y por esas circunstancias estas iniciativas tuvieron que ampliaron su horizonte de intervención y dejaron de entenderse a sí mismas como meras proveedoras de filantropía decimonónica para asumir con valentía y dignidad su papel en el diseño de los destinos de la propia colectividad.

La vida no es plana, las circunstancias cambian y en ese contexto redefine lo público y lo privado. Una ONG es también parte de lo público, por eso se fortalecieron las acciones de las ONG. Antes de implementar el modelo Medellín, las ONG tenían que conseguir su financiamiento para operar mediante colectas en la calle o por cooperación internacional. Gracias a la operación del Modelo Medellín el 70 % del financiamiento proviene del Estado, que de esta manera descentraliza su acción y presencia en el punto más delicado, pero el único eficaz: el manejo de los recursos.

Operar modelos no puede ser tarea superficial, en nuestro caso las obras ahí están. Omitir la participación ciudadana, que fue clave en el proceso, hace de la intervención gubernamental mero mecanismo de control clientelar corporativo.