Internacional

Tras Berlín, Europa debate libre tránsito o seguridad

Por diciembre 24, 2016 Sin comentarios

Las fronteras abiertas de Europa simbolizan libertad y pensamiento progresista, pero cada vez se convierten más en el talón de Aquiles del continente.

En el caso más cercano, el terrorista más buscado en el continente pudo atravesar al menos dos fronteras —a pesar de que había una cacería en contra— y fue abatido por causalidad, en una revisión de documentos al azar.

La torpe persecución de Anis Amri, el presunto autor del atentado con un camión en un mercado navideño en Berlín, es solo un ejemplo de fallos recientes en la seguridad fronteriza que están envalentonando a los nacionalistas hartos de la unidad europea. La violencia extremista, dicen ellos, es un precio muy alto que hay que pagar por el libre tránsito.

Los defensores de la zona europea sin fronteras dicen que las fallas en seguridad muestran la necesidad de mayor cooperación entre los gobiernos europeos, incluso con ejércitos compartidos, no nuevas barreras. También opinan que los rígidos hábitos para recabar información de inteligencia dentro de fronteras de siglos de antigüedad, son parte del problema.

Pero sus argumentos son derribados fácilmente por las opiniones de la líder de la extrema derecha en Francia, Marine Le Pen, quien espera ganar la presidencia en mayo.

“El mito del libre tránsito total en Europa —que mis rivales están vinculando a esta elección presidencial— definitivamente debe quedar sepultado. Nuestra seguridad depende de ello”, dijo el viernes en un comunicado donde señaló que la zona de libre paso es una “total catástrofe de seguridad”.

Eso plantea un dilema para los devotos de la Unión Europea, como la canciller alemana Angela Merkel, quien enfrenta una batalla para reelegirse el próximo año.

Su defensa de la UE y la mano que extendió a los refugiados sirios, fueron una vez vistos como ejemplo de su autoridad moral. Hoy en día, con el sentimiento anti inmigrante y anti establishment permeando en toda Europa, estas cualidades amenazan con convertirse en puntos en contra.

Cada día, millones de personas cruzan las fronteras por la zona Schengen de libre tránsito conformada por 26 países, gracias a un sistema de 31 años de antigüedad que abarca casi 400 millones de personas, lo que ha aumentado drásticamente las perspectivas de comercio y empleo en la mayor economía colectiva del mundo.

La extrema derecha alemana insiste en cerrar las fronteras. Los conservadores de Merkel están sugiriendo “zonas de tránsito” para mantener a los migrantes en las fronteras mientras se confirma su identidad o se les deporta.

El atacante Amri es un doloroso ejemplo de cómo los extremistas islámicos han utilizado las fronteras abiertas de Europa para atacar los principios de tolerancia que pretenden personificar.

Después de inmigrar ilegalmente desde Túnez en 2011, fue encarcelado por quemar una bandera en un centro de detención en Italia. Cuando se le liberó no pudo ser deportado por razones burocráticas. Luego viajó a Suiza y después a Alemania, donde al parecer fue reclutado por afiliados al grupo que se hace llamar Estado Islámico.

Aunque rechazó su solicitud de asilo y lo marcó como posible amenaza terrorista, Alemania esperó obedientemente a que Túnez hiciera el papeleo antes de deportarlo. Y cuando la deportación iba a concretarse el lunes, se cree que Amri secuestró un camión y lo embistió contra un mercado navideño en Berlín matando a 12 personas.

Tras el ataque estuvo prófugo tres días y aparentemente pasó por Francia —posiblemente con un arma en su bolsillo— y llegó a Italia, donde una revisión de documentos de rutina terminó en un tiroteo con policías en Milán.

Alemania, Francia e Italia no han podido explicar cómo escapó a la red de caza. Francia está especialmente avergonzada porque está en máxima seguridad desde los atentados del año pasado.